Investigadora de University College London colabora con la Oficina de Resiliencia

Investigación participativa

En el diseño de políticas públicas y la planificación de ciudades y áreas urbanas se reconoce cada vez más el valor de metodologías participativas, donde lo ‘público’ se traduce en la apropiación misma de proyectos e iniciativas por parte de los ciudadanos desde su concepción y raison d’être.

La academia también ha jugado un rol importante en entender la relevancia de metodologías participativas en la planificación urbana y la toma de decisiones frente a problemáticas complejas como la reducción del riesgo de desastre y el cambio climático antropogénico. Y, en consonancia con ello, promueve cada vez más el uso de métodos participativos a la hora de ‘hacer investigación’. La ciudad como laboratorio abierto (urban lab) y el concepto de ciudadano-científico (citizen scientist) son algunas de las ideas consonantes con esta tendencia. Como así también lo es el involucramiento mismo del investigador en las prácticas cotidianas de los participantes a la hora de ‘hacer investigación’. Y es este el caso de María Evangelina Filippi, una investigadora y estudiante de doctorado que actualmente nos acompaña en la Oficina de Resiliencia del Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, a quien tuvimos el agrado de entrevistar.

¿Cómo llegaste hasta acá y en qué consiste tu proyecto de investigación?

Estoy haciendo mi doctorado en el Departamento de Planificación del Desarrollo de University College London (UCL) en el tema de reducción del riesgo de desastre desde la planificación y gestión de los gobiernos locales. Previamente, realicé una maestría en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (UCL) y otra maestría en Estudios de Desarrollo Internacional en la Universidad de Amsterdam (UvA). En este momento estoy haciendo el trabajo de campo de mi PhD en la ciudad donde nací, pero en la que hace varios años no resido. Este proyecto es, en cierto modo, una forma de volver a conectarme con mi ciudad desde otra perspectiva.

¿Por qué investigar participativamente?

Investigar participativamente cuestiona la idea convencional del investigador como experto y de los participantes como meros proveedores de información para fines exclusivamente académicos. A mi entender, la riqueza de esta metodología radica en invertir los roles estereotípicos: aprender de los participantes, por un lado, y aprender haciendo, por el otro. Asimismo, representa un compromiso del investigador para con el entorno en el que realiza su trabajo. Para mi es una suerte de devolución – aunque muy sencilla – para con quienes de una u otra forma me facilitan el camino a la hora de llevar adelante mi proyecto de investigación. En otras palabras, no sólo aprender de ellos sino con ellos.

¿En qué ha consistido tu participación hasta la fecha?

Básicamente, consiste en involucrarme en el quehacer y las prácticas cotidianas de quienes integran la Oficina de Resiliencia y la Dirección de Gestión de Riesgos (donde también estoy haciendo un trabajo similar). Desde la Oficina de Resiliencia he participado de algunos talleres del proceso de elaboración de la estrategia como así también de reuniones del Consejo Consultivo. Contribuyo con algunas traducciones que se necesitan y con el desarrollo de contenido de ciertos materiales de comunicación. Y he colaborado en la revisión de algunas de las iniciativas que conformarán el documento final de la estrategia, principalmente contextualizándolas en la agenda global y lo que están discutiendo ciudades de otros países.

¿Qué consejo le darías a quienes optan por este tipo de metodología?

Hay diferentes métodos participativos y con diferentes niveles de involucramiento por parte del investigador y los participantes. Y ello depende en gran medida del área y el tipo de investigación que se lleva adelante. Ciertas disciplinas y ciertos temas son más afines a este tipo de metodología que otros.

Asimismo, puede resultar un tanto difícil para el investigador sostener una postura crítica al momento de analizar sus datos y sacar conclusiones. Cuanto más se involucra uno en el quehacer cotidiano, la línea divisoria entre ‘el académico’ y ‘el profesional’ se vuelve cada vez más borrosa. La auto-reflexión periódica es clave para retomar el propósito de lo que uno está haciendo y mantener el foco.

Por último, y a mi criterio lo más importante, la responsabilidad ética del investigador para con quienes trabaja día a día.

*  La Oficina de Resiliencia de la Ciudad de Santa Fe agradece a Evangelina Filippi por su activa colaboración en la redacción de este artículo.