Historia

 

El proyecto de Reserva Natural del Oeste fue concebido por el Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, con apoyo del Fondo Francés para el Medio Ambiente Mundial, en el marco de políticas públicas que tienden a una ciudad más integrada y mejor preparada, que mira el futuro con optimismo, buscando oportunidades y mejor calidad de vida para todos, dejando atrás un pasado de frustraciones y aprendiendo a convivir con nuestro entorno natural y con nuestros ríos.

Una ciudad rodeada de ríos

La ciudad de Santa Fe fue fundada por Juan de Garay, el 15 de noviembre de 1573. Actualmente tiene una población de 400.000 habitantes. Está situada 475 km al noroeste de la ciudad de Buenos Aires.

Su ubicación geográfica es particular: se encuentra asentada entre los valles de inundación de dos ríos – Paraná y Salado – que debido a su planicie se caracterizan por el difícil escurrimiento de las aguas, con la correspondiente formación de lagunas, arroyos y bañados. Ambos son ríos de llanura y por eso tienen algunas características típicas: mínimas pendientes, ciclos de crecidas y bajantes periódicas, cambios en su forma o morfología, amplios valles de inundación, entre otras.

A lo largo de la historia de la ciudad, la ocupación del suelo avanzó sobre terrenos inundables y espejos de agua, sin atender a sus condicionamientos o intentando superarlos. Así es que se establecieron viviendas y crecieron barrios en zonas bajas y pasibles de inundarse. Por eso, se construyeron terraplenes para evitar el paso del agua en crecidas periódicas, se rellenaron zonas bajas y se modificó significativamente el drenaje natural y su capacidad de reservorio, obstaculizando el escurrimiento natural del agua cuando llueve. El resultado de ese proceso es que Santa Fe está asentada en un territorio vulnerable, expuesto a las inundaciones por crecidas de los ríos, por lluvias intensas o por la combinación de ambos fenómenos.

En abril de 2003 la ciudad sufrió el mayor desastre de origen hídrico de toda su historia, que afectó severamente a gran parte de su población, especialmente la asentada en el borde oeste. La crecida extraordinaria del río Salado, la falta de obras y la ausencia de un sistema de alertas y de un plan de contingencia, puso en evidencia la falta de preparación de la ciudad para responder ante fenómenos naturales de esta complejidad. La catástrofe dejó como saldo la pérdida de vidas, cuantiosos daños materiales y secuelas psicológicas, que aún perduran en la sociedad.

Entre marzo y abril de 2007 se repitió un fenómeno de similares características. Las mismas zonas bajas de los barrios del oeste de la ciudad de Santa Fe se inundaron, pero esta vez no fue por los desbordes del Río Salado como en el 2003 sino por insuficiencia de la red de desagües pluviales, estaciones de bombeo y reservorios, ante la cantidad excepcional de lluvia caída.

Aprender de los desastres

Aprendiendo de la experiencia, a partir de 2008 el Gobierno de la Ciudad, junto a las instituciones y los vecinos, comenzó a trabajar en políticas de Estado para enfrentar el problema de las inundaciones. Se puso en marcha un Plan Urbano Integral para el Oeste de la Ciudad y una serie de importantes obras hídricas enmarcadas en un Plan Director de Desagües Pluviales.

Pero ninguna obra es infalible ni elimina totalmente el riesgo, por eso es fundamental que la ciudad esté preparada. Para eso, se creó el Sistema Municipal de Gestión de Riesgos  que incluye un Plan de Contingencia y que es el encargado de desarrollar programas de mitigación, prevención, preparación y respuesta ante emergencias, en forma conjunta con los distintos actores de la ciudad.

El Proyecto de Reserva Natural del Oeste se enmarca en estas políticas tendientes a lograr un crecimiento más armónico y sustentable de la ciudad, que merecieron el reconocimiento internacional, a través de premios y distinciones otorgados por organismos como la Organización de las Naciones Unidas y la Fundación Rockefeller.

Las defensas y los sistemas de protección

La ciudad depende de complejos y costosos sistemas de protección que requieren el mantenimiento y cuidado permanente para que funcionen de manera correcta cuando se lo necesita. En los últimos años se ha trabajado intensamente en dos aspectos: mejorar la capacidad física de la ciudad para recibir y evacuar el agua hacia afuera de los terraplenes, y elaborar un plan de contingencias para optimizar la organización de la comunidad ante eventos de gran magnitud.

El sistema de protección incluye terraplenes de defensa contra las crecidas de los ríos y estaciones de bombeo que permiten evacuar el agua de lluvia por fuera de dichas defensas. Los terraplenes son barreras artificiales de tierra, arcilla o arena que cumplen la función de impedir que el agua de río ingrese a un sector de la ciudad durante las crecidas regulares. Se construyen en forma paralela a la costa y buscan evitar que las crecidas del río afecten a las zonas más bajas. Pero estas barreras deben ser acompañadas de medidas que permitan sacar el agua fuera del recinto defendido cuando llueve: los reservorios, las compuertas de salida por gravedad y las estaciones de bombeo. Estas obras funcionan vinculadas con el sistema de drenaje urbano de la ciudad, es decir los desagües pluviales y canales que conducen el agua desde cada barrio hasta los reservorios.

Los reservorios son zonas excavadas que se ubican en las adyacencias de una estación de bombeo y cumplen la función de almacenar el agua caída en lluvias de mediana y alta intensidad, para que luego la estación de bombeo la saque al río. Por eso, es importante que los reservorios estén limpios, libres de ocupación y bien delimitados para permitir la rápida llegada del agua y su posterior salida. El Proyecto de Reserva Natural del Oeste implica ampliar, profundizar y optimizar los reservorios, agregando además nuevos usos, utilidades y un mayor aprovechamiento.